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Literatura

Un mundo feliz

Las utopías parecen ser mucho más alcanzables de lo que se creía anteriormente.  Y actualmente nos enfrentamos a una pregunta aterradora muy diferente: ¿Cómo evitar su realización final…?  Las utopías son alcanzables.  La vida camina hacia las utopías.  Y quizás está comenzando un nuevo siglo, un siglo en el que los intelectuales y la clase educada volverán a los medios para evitar las utopías y regresar a una sociedad no utópica, menos «perfecta» y más libre. 

Nicolas Berdiaeff

Las distopías son un género literario bien interesante. ¿Cómo se imaginó algún autor el futuro? Hoy encontramos que algunas de aquellas ideas imaginadas, guardando las proporciones, son reales.

A continuación comparto una reseña personal de mi lectura de Un mundo feliz, de Aldoux Huxley

Después de la guerra de los nueve años, en el mundo se desarrolla una sociedad perfecta, libre de conflictos, de enfermedades y de cualquier miseria humana. Funciona como un mecanismo sin fallas, puesto que cada miembro de la población tiene unas tareas muy específicas, sencillas y repetitivas, a las cuales se está predestinado, ya que el control de las personas se ejerce desde el periodo embrionario en este futuro en el que hombres y mujeres se producen en especies de fábricas que sustituyen la naturaleza de la procreación humana.

Quizá como una alegoría a la producción en masa, la historia de la humanidad en Un mundo feliz está partida en antes de Ford y después de Ford (o mejor, “de nuestro Ford”), y si bien nunca se hace una referencia directa a Henry Ford, es imposible no imaginárselo así. No obstante, no es que Ford sea un dios o algo parecido, pues la religión fue uno de los rasgos de humanidad que se queda atrás en la historia, relegada a un comportamiento no civilizado. Ford es mas bien una figura fundamental que cambió la historia y como tal, es un modelo de admiración casi celestial, y cuyo nombre se usa para exaltar personalidades al denominarlas como Su Fordería, o incluso haciendo parte del lenguaje coloquial cuando se quiere expresar sorpresa (¡oh Ford! o ¡por Ford!). 

Los seres humanos desde el momento del nacimiento (o más específicamente, de la decantación), harán parte de cada una de las castas que conforman la población, según el tipo de desarrollo al que fueron sometidos durante el periodo embrionario. De esta forma los más inteligentes (los llamados alfa mas y los alfa menos, seguidos por los beta), serán los que ocupen los cargos más importantes o las tareas más especializadas, y quienes gozarán también de más privilegios, y luego de ahí para abajo vienen los gamma, los delta y finalmente los épsilon, que son los seres que desempeñan las labores mas básicas y que incluso son producidos repetitivamente, como grupos numerosos de gemelos idénticos (llamados grupos Bokanovski), que surgen de las repetidas divisiones a las que se somete un mismo óvulo.

Lo curioso es que independientemente de la tarea que se desempeñe, ya sea una tarea especializada o una sencilla, cada persona es feliz con lo que hace, y mas allá de eso, no desearía, y hasta le desagradaría, desempeñar las labores que ejerce otra persona, así sean las labores más productivas y admirables (tal vez de ahí el nombre traducido de Un mundo feliz). Esto se logra hábilmente al predestinar a cada uno a su tarea, gracias a las avanzadas técnicas de fecundación in vitro y de desarrollo de los embriones, y así mismo de la “crianza” de los niños y niñas en los sectores correspondientes de la fábrica, en la que se les estimulan las conductas específicas de su casta y se les controlan las sensaciones que irán enfrentando en el futuro, incluyendo al erotismo, que puntualmente a través de juegos se permite que se desenvuelva en completa libertad.

Muchas otras conductas se les inculcan a través de lo que llaman hipnopedia, que es una técnica que se menciona varias veces en la novela, y que corresponde a los discursos cortos y repetitivos a los que se exponen los niños y los adolescentes durante las horas de sueño, y que es una estrategia de enseñanza. Sin embargo, no es el aprendizaje técnico el que se imparte de esta forma, sino mas bien el aprendizaje de comportamientos y de actitudes humanas que en el futuro determinarán las decisiones de cada uno en favor del funcionamiento adecuado de la sociedad. El resultado es que algunas respuestas que los “hipnopedizados” emiten ante ciertas situaciones, son casi que discursos automáticos e idénticos que surgen espontáneamente, producto de ese guion aprendido a punta de repeticiones.

La vida de los seres humanos en ese mundo feliz se reduce a cumplir con sus labores en horarios de oficina, y a tener luego horas de esparcimiento en su tiempo libre, en las que satisfacen todos sus deseos de diversión y de placer de cualquier índole, incluyendo el placer sexual. No existen relaciones afectivas. De hecho, la filosofía de las relaciones humanas se basa en que “todo el mundo pertenece a todo el mundo”, y en ese orden de ideas no se ve bien (ni se siente bien), que una mujer o un hombre se dediquen a una sola pareja, y por ello la promiscuidad, que no se percibe tan mal como suena en nuestra realidad, es normal, y para la tranquilidad de todos, y aunque ni siquiera piensen ya en ello, no hay enfermedades de transmisión sexual ni riesgo de embarazos, porque respectivamente las personas son inmunizadas desde la “gestación” a diferentes enfermedades y las mujeres permanentemente llevan a cabo sus ejercicios anticonceptivos, además de que hay seres hermafroditas que ya de entrada son infértiles.

Las diversiones son muy básicas. El golf con obstáculos o el electromagnético, el tenis, las visitas al sonorama, que es un cine multisensorial en el que se proyectan (y se sienten) películas con unos guiones bastante sosos pero al parecer entretenidos. La música sintética que permanentemente suena en todos lados, los grifos de perfume y de agua de colonia, y las sustancias que sustituyen las sensaciones (o las camuflan), como el “soma” (una especie de droga), el sucedáneo de embarazo y el sucedáneo de pasión violenta. Cualquier emoción que sea natural en el ser humano, pero que por el contexto y el estilo de vida que se vive en el mundo feliz ya no existe, es perfectamente reemplazada por alguna sustancia, y de ahí la denominación de “sucedáneos”.

Los humanos simplemente son felices. No tienen aspiraciones, ni sentimientos propios, ni soledad, ni Dios. Toda su vida discurre entre el trabajo en el que son felices haciendo lo que le corresponde, y con el elemental entretenimiento que se les ofrece en sus ratos de ocio. Y así hasta que envejecen sin envejecer, pues sólo se van desgastando orgánicamente sin que en el aspecto exterior se note, y mueren con un cuerpo lozano y bello en el llamado Hospital de moribundos, en donde son hipnotizados con programas de TV e inundados de soma, y siendo objeto de aprendizaje de los grupos de niños a los que llevan a que se familiaricen con la muerte. Es así que aun los moribundos son útiles, no solo por ésto, sino también porque una vez fallecen son cremados en hornos adaptados para conservar el fósforo corporal que se recupera de este proceso.

Entonces todo funciona bien, y la rueda permanentemente está (y estará) girando. Todos hacen lo que les corresponde hacer y son felices haciéndolo, sin envidias, sin competencias, sin egos. Cada quien está satisfecho con lo que hace y no aspira a nada más. No hay literatura y no hay arte, porque literatura y arte son revolucionarios. No hay política y no hay religión, y tampoco se necesitan. Igual hay líderes (alfa mas), quienes garantizan que todo siga así. De hecho Mustafá Mond, uno de ellos, y que es un personaje que hace recordar al O’Brien de 1984 o incluso al Gran Hermano, censura cuando tiene que censurar, y determina el destino de todo aquel que empiece a pensar diferente, a preguntarse o a comportarse en contravía de lo aceptable. Tiene acceso a obras literarias del pasado y a la Biblia, y aunque sabe que todo eso es valioso, no permite su publicación, y no tanto porque sea revolucionario, sino porque simple y sencillamente nadie lo entendería, ya que ni siquiera el concepto de madre e hijo es comprensible, e incluso genera risa y hasta desagrado.

Toda esta historia, así como en 1984, discurre en Londres. ¿Y qué pasa con el resto del mundo? Pues esa sociedad evolucionada está en muchos países a los cuales no se hace referencia, pero sí se menciona a América, o al menos una parte de ella, en donde está “La reserva”, que es donde viven “los salvajes”, unos seres humanos primitivos que siguen reproduciéndose a la antigua, teniendo relaciones familiares y maritales, valorando la fidelidad afectiva y venerando dioses. Aquí se deja ver de nuevo el odioso cliché de los países desarrollados, de ver a los latinoamericanos como aborígenes, ya que geográficamente la reserva se ubica en Nuevo México (y de ahí para abajo). Adicionalmente los rasgos de sus habitantes son descritos como aindiados, y ese mundo feliz tiene viviendo a los salvajes en un amplio territorio rodeado de cercas electrificadas (como una especie de Jurassic Park), al cual se puede acceder solo con permisos especiales emitidos por las Forderías más elevadas.

De ahí surge el personaje de John el salvaje, quien representa ese curioso comportamiento que es objeto de admiración, sorpresa e interés por parte de los civilizados habitantes de Londres. John el salvaje no entiende de Forderías, de sonorama, de música sintética, de soma, de sucedáneos, de grupos bokanovski ni de eso de “todo el mundo pertenece a todo el mundo”. John viene siendo, a la postre, mas humano que todos esos seres producidos en masa. Si bien tiene comportamientos extraños, se parece más a nuestra actualidad y a nuestra realidad, que lo que se parecerían los habitantes de Londres. Es John el salvaje quien reta la realidad de los civilizados, aunque esta resulta ser irrompible. Al fin y al cabo los civilizados son seres producidos en masa, ya predestinados e incapacitados para pensar diferente, y el que por alguna razón pueda hacerlo, será enviado a una isla muy alejada, en donde no pueda poner a tambalear el funcionamiento perfecto de la sociedad.

Supuesta mente es entonces un mundo feliz el tal mundo feliz. Pero, ¿es feliz en realidad? Mas bien es un mundo funcional libre de problemas. El título original de la obra es Brave new world, frase que surge de una línea Shakesperiana. La traducción más correcta al castellano sería Espléndido nuevo mundo, pero bueno, quedémonos con el Mundo feliz. Y es feliz porque todos están satisfechos haciendo lo que hacen y disfrutando de los más elementales entretenimientos. Pero la verdad es que la felicidad es lo que menos hay, y si surgen sentimientos contrarios, está el soma, y todos los demás sucedáneos que amortiguan lo desagradable. ¿Será este el futuro de la humanidad? O no es más que una distopía. Tal vez la felicidad plena no es la esencia del ser humano, o al menos no esa felicidad. Las pasiones y los vaivenes emocionales parecen ser parte inherente del ser humano, al igual que el arte y la religión. Al fin y al cabo eso es lo que nos hace humanos, y esas son las huellas que vamos dejando en la historia.


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De Jose J. A-H

Médico Toxicólogo Clínico
Especialista en Edición de Publicaciones
Magíster en Epidemiología Clínica

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