Recientemente leí Notas de suicidio, del escritor español Marc Caellas, y esta es mi impresión de la obra.
Primero dejo un enlace a la biografía del autor, de Wikipedia:
https://es.m.wikipedia.org/wiki/Marc_Caellas
…y el link de la obra en GoodReads:
https://www.goodreads.com/book/show/60861346

Del suicidio se puede hablar de muchas maneras, y romantizarlo puede que sea una de ellas. No obstante, creo que no es la más conveniente. Tampoco quiero decir que el suicidio deba ser un tabú o un tema prohibido, pero hay que tener algo claro, y es que no todos los suicidas son famosos, ni todos los famosos se suicidan, ni tampoco todo el que se suicida, se vuelve famoso. De hecho, la gran mayoría de los suicidas, quizá el 99.9%, no dejarán de ser una simple estadística o una noticia que se da en forma de número en algún diario y que puede sorprender de forma fugaz a quien casualmente la lea. Luego, el mundo seguirá girando igual, salvo para los deudos de aquel que decide terminar con su vida por mano propia.
Del libro de Caellas rescato la compilación y clasificación que hizo de las notas de suicidio de algunos personajes ilustres que así dejaron este mundo. Se nota un ejercicio juicioso de búsqueda y de orden, y también me gusta el complemento que hizo a algunas de las notas con textos y frases de otros autores que se acoplan bien al contexto (al final agrego algunas de ellas). Sin embargo, en mi opinión, sobran los intentos que hace el autor de análisis de las notas. Creo que la esencia literaria se pierde en divagaciones y no se sabe si intenta ser entonces un texto académico o reflexivo. La realidad es que esos agregados no pasan de ser percepciones subjetivas, a veces hasta cursis, que dañan de cierta manera lo bueno de la obra. La nota de suicidio de un artista no es necesario que sea interpretada (o al menos eso que mejor lo haga cada quien). Cuando mucho se puede explicar el contexto y también se puede dar uno que otro dato histórico que aporte más al entendimiento de lo que pensaba o sentía el suicida. Así, pienso yo como lector, hubiese sido mejor.

Más allá de ese elemento de forma, mi crítica se basa también en el apartado llamado Antecedentes, que es lo que me lleva a rechazar la romantización del suicidio, y que infortunadamente es la parte que abre el texto. A pesar de mi desacuerdo con muchas de las ideas que se plantean en ese apartado, decidí seguir adelante y lo que me encontré, bueno y malo, ya lo he mencionado.
En mi labor como profesional de la salud en el área de la toxicología, tengo permanente contacto con personas con intentos suicidas a través de envenenamientos autoinfligidos. Y ello, considero, me da autoridad para decir que el suicidio (o al menos el intento), de romántico no tiene nada. De hecho, puedo concluir que la gran mayoría de personas que se intentan suicidar en realidad no pretenden morir, y que el intento lo ejecutan en actos impulsivos, sin premeditación alguna, y con notas que, si existen, muestran más el desespero por una problemática específica, que un pensamiento reflexivo alrededor de la muerte autoimpuesta. No todo es tan bonito o tan artístico o tan trascendental. El suicida que ya tenía un plan estructurado es una excepción, y sus notas, en estos casos, tienen mucho valor desde lo médico y lo psicológico, pero también desde lo humanista y, por supuesto, desde lo literario. Pero eso no quiere decir que sea algo a generalizar puesto que no es el caso de todos aquellos que no ven otra solución.
La enfermedad mental existe, y exaltar al suicidio como “el comodín de juego de cartas de la vida” (y otras analogías hechas por el autor), es negar su existencia o restarle importancia. Como médico pienso, entonces, que romantizar el suicidio es desacertado, y la verdad es que la mayoría de las notas anónimas de suicidio, como objeto de esta obra, en realidad sólo servirán para ser analizadas por los médicos legistas y abogados, y luego quedarán como un recuerdo doloroso en las memorias de alguna familia. No saldrán publicadas en ningún libro la notas suicidas de los don nadies, aunque estas sean literariamente buenas. Las de los personajes ilustres podemos entonces disfrutarlas, sin romantizarlas, pero dejémosle entonces los análisis a los psicólogos, a los médicos, a los religiosos o a los humanistas, y la necesidad de leer esos análisis, a los que directamente estén buscando o necesitando este tipo de textos, sea cual sea la razón.

Algunas máximas extraídas del libro, que a mi juicio son bastante valiosas:
«La naturaleza humana tiene sus límites; puede soportar, hasta cierto grado, la alegría, la pena, el dolor; si pasa más allá, sucumbe.»
Goethe, Werther
«Quienes se apean no necesariamente están locos, ni siquiera están ‘perturbados’ en esas circunstancias. La tendencia al suicidio no es una enfermedad de la que haya que curarse como el sarampión. El suicidio es un privilegio de lo humano.»
Jean Amery
«Alguien dijo que el suicidio era una solución permanente a un problema temporal, pero la vida también se puede contar como la suma de una serie de percepciones erróneas que conducen a una montaña de decisiones equivocadas. Errar es humano y el suicidio puede ser visto como el gran error final.»
Del autor, Marc Caellas
«No hay sino un problema filosófico realmente serio: el suicidio. Juzgar que la vida vale o no la pena de ser vivida equivale a responder a la cuestión fundamental de la filosofía.»
Albert Camus
«… Dejo algo de obra y muero tranquilo. Este acto ya estaba premeditado. Tú premedita tu muerte también. Es la única forma de vencerla.»
Andres Caicedo
«A la pregunta ¿cuánto has amado?
responde como si el lenguaje, mejor aún,
como si el vino se hubiera acabado.
Di que has de ir por más.»
Mario Montalbetti
…y finalmente, un poema del escritor español Manuel Vilas:
EL ÚLTIMO ELVIS
Respeta siempre la destrucción de las mujeres y de los hombres que amaron o intentaron, al menos, amar la vida y esta les quemó o les rompió los huesos de la cara, las entrañas y las venas y el hígado y el buen corazón, respeta todos los sagrados y los más humildes hundimientos de los seres humanos.
Respeta a quienes se suicidaron.
Respeta a quienes se arrojaron a los océanos.
No hables mal de ellos, te lo ruego, te lo pido de rodillas.
Ama a toda esa gente, esa muchedumbre, ese río amarillo de la historia de todos cuantos perdieron tan injustamente, o tan justamente, da igual.
Gente que aceleró en una curva.
Gente que escondía botellas en los rincones de su casa.
Gente que lloraba en los parques de las afueras de las ciudades.
Gente que se envenenaba con pastillas, con alcohol, con insomnios aterradores, con veinte horas de cama todos los días.
Lo intentaron, pero no lo consiguieron.
Gente a quien le sobraba tres cuartas partes de su pequeño frigorífico.
Gente que no tenía con quién hablar semanas enteras.
Gente que no comía por no comer sola.
Son hermosos igualmente, te lo juro.
Resplandecerán un día.
Nombremos todo aquello que nos convirtió en seres humanos.
Para que no haya miedo, ni envidia, ni maldad.
Amo, celebro, y exalto todos los hundimientos de todos los seres humanos que pisaron este mundo.
Porque el fracaso no existió jamás, porque no es justo el fracaso y nadie merece fracasar, absolutamente nadie.
Manuel Vilas
Referencia del libro:
Caellas, Marc. Notas de suicidio. Tercera edición. Ediciones La uÑa RoTa. España, 2023.
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