Santa Fe de Tierra firme –arenales, pitas, manglares, chumberas– en las cartas antiguas, Punta de las Serpientes.
Llegué a este libro procurando el origen del subgénero llamado “novela de dictador”, el cual pretendo explorar más después de haber leído El otoño del patriarca, de Gabriel García Márquez, y El señor Presidente, de Miguel Ángel Asturias. En el caso de Tirano Banderas, la edición de Alianza Editorial tiene una introducción de Margarita Santos Zas que considero muy adecuada para entender bien el contexto de la novela, así como su estructura y el por qué de su lenguaje. En mi opinión, creo que es una buena manera de prepararse para la lectura de esta compleja obra sin perecer en el intento.
Personalmente me gustan los textos bien elaborados, con lenguaje amplio y expresiones que aprovechen la riqueza del castellano, eso sí, sin que caigan en un exceso de adornos que no aporten al sentido de una frase o a la descripción de una situación, lugar o personaje. Esta obra de Valle-Inclán cumple con este gusto personal y por ello le doy una buena calificación. Creo que un buen escritor se caracteriza, entre otras cosas, por ser capaz de manejar con magistralidad y habilidad el lenguaje, ya que ello es reflejo de una buena destreza con las palabras (con sus significados y acepciones de acuerdo al contexto), las cuales deben usarse con precisión como herramientas para la construcción de un texto.

Al revisar las críticas negativas que tiene Tirano Banderas en su perfil de GoodReads (aquellas en las que el lector le asignó una sola estrella), encuentro que una queja común es lo difícil del lenguaje, lo cual, sin entrar a juzgar la pericia del lector, refleja que algunas personas se sienten más cómodas tal vez con un lenguaje corriente y más contemporáneo lo que, pienso, va en detrimento de la riqueza del idioma español.
Es entendible que la comodidad es mejor y que el lenguaje común permite que una lectura sea más fluida. Pero si esto se vuelve tendencia, ¿entonces muchas palabras del español pronto se volverán arcaísmos? y, ¿las posibles variantes de una expresión entrarían en desuso limitándonos a unas pocas? Creo que en el lenguaje hay palabras que describen algo con más exactitud que otras de uso más corriente, ya que implícitamente incluyen detalles que son importantes para entender el contexto de una expresión o para precisar características particulares de algo o de alguien. La idea es que el escritor exprese a su satisfacción lo que quiere decir y no que el lector se sienta más cómodo por el hecho de entender sin el esfuerzo extra de ir al diccionario. Pero bueno, esto es una opinión personal.
Más allá de ello, y volviendo a la obra, junto con El otoño del patriarca y El señor presidente, en Tirano Banderas se percibe el entorno del Caribe que al parecer era propicio para el surgimiento de los caudillos que luego se transformarían en los dictadores que inspiraron este subgénero literario muy propio de latinoamérica. Con solo leer estos libros, se siente el calor, la humedad y el olor a sal de los países caribeños, y tal vez por ello Valle-Inclán le haya puesto el subtítulo Novela de tierra caliente. No obstante, los caudillos no sólo surgían en el Caribe, sino también en el resto de Centro y Suramérica. De hecho, antes de Tirano Banderas existía Amalia, de José Mármol, que si bien no es propiamente una novela de dictador, sí trata de un romance que se da en el contexto de una de las dictaduras argentinas, que es un trasfondo fundamental de esa novela.

La obra tiene una estructura particular, y está construida con vaivenes temporales en los que se relatan alternadamente hechos que se están dando al mismo tiempo y que ocurren en un periodo de poco más de dos días en un país ficticio (Santa Fe de Tierra firme). Aunque por momentos es confuso, me parece una buena manera de enmarcar bien todo el contexto de la historia sin que queden detalles no explicados. Es llamativa también la arquitectura del texto, que según la introducción, está construido alrededor de asuntos de numerología (3, 7, 27) y de simetría, y ambientado en un contexto muy mágico-religioso de fiestas de difuntos, teosofía y nigromancia.
No obstante, y a pesar de la genialidad de la obra, considero que algunas buenas historias paralelas quedan en el tintero ya que no se profundizan lo suficiente, como por ejemplo la de Zacarías El cruzado, que es un personaje que me pareció lo suficientemente interesante como para haberlo abordado mucho más profundamente, o la del origen del tirano, que someramente se explica, así como de las motivaciones de Filomeno Cuevas y de Domiciano de la Gándara. Este último, en particular, me hubiese gustado conocer mejor acerca de su cambio de mentalidad. En términos generales, creo que algunos de sus sucesos no se tenían que haber dado tan a la ligera o sin un trasfondo emocional o filosófico más notorio.
Mi idea es seguir adelante con las historias, reales o ficticias, de los dictadores latinoamericanos, con La sombra del caudillo, de Martín Luis Guzmán, Conversación en la catedral y La fiesta del chivo, de Vargas Llosa, El recurso del método, de Alejo Carpentier, y Yo el supremo, de Augusto Roa Bastos.
Para culminar, dejo el enlace en YouTube de la película de esta novela, filmada en Cuba y México en 1993 y dirigida por José Luis García Sánchez.













