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Tirano Banderas. Novela de tierra caliente, de Ramón María del Valle-Inclán (reseña).

Santa Fe de Tierra firme –arenales, pitas, manglares, chumberas– en las cartas antiguas, Punta de las Serpientes.

Llegué a este libro procurando el origen del subgénero llamado “novela de dictador”, el cual pretendo explorar más después de haber leído El otoño del patriarca, de Gabriel García Márquez, y El señor Presidente, de Miguel Ángel Asturias. En el caso de Tirano Banderas, la edición de Alianza Editorial tiene una introducción de Margarita Santos Zas que considero muy adecuada para entender bien el contexto de la novela, así como su estructura y el por qué de su lenguaje. En mi opinión, creo que es una buena manera de prepararse para la lectura de esta compleja obra sin perecer en el intento.

Personalmente me gustan los textos bien elaborados, con lenguaje amplio y expresiones que aprovechen la riqueza del castellano, eso sí, sin que caigan en un exceso de adornos que no aporten al sentido de una frase o a la descripción de una situación, lugar o personaje. Esta obra de Valle-Inclán cumple con este gusto personal y por ello le doy una buena calificación. Creo que un buen escritor se caracteriza, entre otras cosas, por ser capaz de manejar con magistralidad y habilidad el lenguaje, ya que ello es reflejo de una buena destreza con las palabras (con sus significados y acepciones de acuerdo al contexto), las cuales deben usarse con precisión como herramientas para la construcción de un texto.

Al revisar las críticas negativas que tiene Tirano Banderas en su perfil de GoodReads (aquellas en las que el lector le asignó una sola estrella), encuentro que una queja común es lo difícil del lenguaje, lo cual, sin entrar a juzgar la pericia del lector, refleja que algunas personas se sienten más cómodas tal vez con un lenguaje corriente y más contemporáneo lo que, pienso, va en detrimento de la riqueza del idioma español.

Es entendible que la comodidad es mejor y que el lenguaje común permite que una lectura sea más fluida. Pero si esto se vuelve tendencia, ¿entonces muchas palabras del español pronto se volverán arcaísmos? y, ¿las posibles variantes de una expresión entrarían en desuso limitándonos a unas pocas? Creo que en el lenguaje hay palabras que describen algo con más exactitud que otras de uso más corriente, ya que implícitamente incluyen detalles que son importantes para entender el contexto de una expresión o para precisar características particulares de algo o de alguien. La idea es que el escritor exprese a su satisfacción lo que quiere decir y no que el lector se sienta más cómodo por el hecho de entender sin el esfuerzo extra de ir al diccionario. Pero bueno, esto es una opinión personal.

Más allá de ello, y volviendo a la obra, junto con El otoño del patriarca y El señor presidente, en Tirano Banderas se percibe el entorno del Caribe que al parecer era propicio para el surgimiento de los caudillos que luego se transformarían en los dictadores que inspiraron este subgénero literario muy propio de latinoamérica. Con solo leer estos libros, se siente el calor, la humedad y el olor a sal de los países caribeños, y tal vez por ello Valle-Inclán le haya puesto el subtítulo Novela de tierra caliente. No obstante, los caudillos no sólo surgían en el Caribe, sino también en el resto de Centro y Suramérica. De hecho, antes de Tirano Banderas existía Amalia, de José Mármol, que si bien no es propiamente una novela de dictador, sí trata de un romance que se da en el contexto de una de las dictaduras argentinas, que es un trasfondo fundamental de esa novela.

La obra tiene una estructura particular, y está construida con vaivenes temporales en los que se relatan alternadamente hechos que se están dando al mismo tiempo y que ocurren en un periodo de poco más de dos días en un país ficticio (Santa Fe de Tierra firme). Aunque por momentos es confuso, me parece una buena manera de enmarcar bien todo el contexto de la historia sin que queden detalles no explicados. Es llamativa también la arquitectura del texto, que según la introducción, está construido alrededor de asuntos de numerología (3, 7, 27) y de simetría, y ambientado en un contexto muy mágico-religioso de fiestas de difuntos, teosofía y nigromancia.

No obstante, y a pesar de la genialidad de la obra, considero que algunas buenas historias paralelas quedan en el tintero ya que no se profundizan lo suficiente, como por ejemplo la de Zacarías El cruzado, que es un personaje que me pareció lo suficientemente interesante como para haberlo abordado mucho más profundamente, o la del origen del tirano, que someramente se explica, así como de las motivaciones de Filomeno Cuevas y de Domiciano de la Gándara. Este último, en particular, me hubiese gustado conocer mejor acerca de su cambio de mentalidad. En términos generales, creo que algunos de sus sucesos no se tenían que haber dado tan a la ligera o sin un trasfondo emocional o filosófico más notorio.

Mi idea es seguir adelante con las historias, reales o ficticias, de los dictadores latinoamericanos, con La sombra del caudillo, de Martín Luis Guzmán, Conversación en la catedral y La fiesta del chivo, de Vargas Llosa, El recurso del método, de Alejo Carpentier, y Yo el supremo, de Augusto Roa Bastos.

Para culminar, dejo el enlace en YouTube de la película de esta novela, filmada en Cuba y México en 1993 y dirigida por José Luis García Sánchez.

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Vicio: Todos somos proclives a ser adictos, de Carlos Sánchez Ortiz (reseña)

Sencillamente me convencí de que por algún misterioso motivo yo era invulnerable y no me engancharía. Pero la adicción no negocia y poco a poco se fue extendiendo dentro de mí como la niebla.

Eric Clapton

En el asunto de las adicciones, una cosa es cierta: aquel que se rehabilita ni es un redentor ni es moralmente superior a los que no lo han logrado. Y no es que el autor de este texto así lo refleje, sólo que me parece un buen momento para expresarlo.

Dejar atrás el mundo de las adicciones no es para nada sencillo, si es que eso se pueda dejar atrás así, literalmente y tan fácil. Y con esperanza pienso que a través del arte es posible encontrar una puerta de salida, o al menos un camino. Quiero creer que el arte es una tabla de salvación para la humanidad en la lucha contra sus males, y la escritura, particularmente, creo que puede servir de estrategia terapéutica para afrontar los vaivenes de algunas de las problemáticas que, como las adicciones, atormentan al espíritu del ser humano.

No conozco la experiencia individual del autor, y por ello no puedo opinar específicamente de su problemática, pero pienso que su manera de exorcizar sus demonios a través del testimonio escrito es una estrategia que igualmente podrían considerar muchos de los que no han encontrado una manera de hacerlo. Y más allá del beneficio propio, y entendiendo que cada experiencia es individual, los episodios puntuales de un proceso de alguien que luego son divulgados a través de la palabra escrita, pueden iluminar segmentos del camino de cualquiera que esté en una situación semejante. De ahí que la escritura no solo beneficia al escribiente, sino también y por extensión, a sus lectores.

Como profesional que trabaja con adicciones, muchas cosas del libro me gustaron pero hay otras con las que discrepo, como por ejemplo con un pasaje en el que el autor expresa que «es muy difícil entender a un adicto si ese problema no se vive en carne propia». No estoy de acuerdo porque esta afirmación va en línea con la de decir, por ejemplo, que sólo las mujeres podrían ser ginecólogas, y no los hombres, pues éstos al no tener mamas, útero, vagina ni vaivenes de estrógenos o progestágenos, no podrían entender lo que las mujeres sienten. Si bien hasta cierto punto es entendible y hasta puede parecer lógico, es reducir el conocimiento o la capacidad de ayudar y de ser empático, a un mero asunto de experiencia personal. La posibilidad de comprender algo no se da sólo porque se ha vivenciado directamente. Y entiendo lo que quiere decir el autor, pero esto es una falacia. Ver la situación desde la ciencia y la academia, con un genuino interés en aprender y en ayudar, da una visión muy amplia y global, y suficiente.

Es preciso tener en cuenta que lo que cada persona vive es una experiencia individual que no se puede generalizar, y por ello, el solo hecho de haberlo vivido no me hace dueño de la verdad. Sólo me da un punto de vista, que finalmente está sesgado por mi propia vivencia. Es sabido incluso, y el mismo autor en el desarrollo del capítulo lo reconoce, que las intervenciones que pueden ayudar a un adicto en particular no son efectivas en todos los casos. Así como la experiencia de cada persona es individual, también lo es la respuesta a los tratamientos. Lo que a una persona le funciona, puede que no le sirva a otra. Lo importante es reconocer la problemática y entender que se necesita ayuda para poder salir de allí, si eso es lo que se quiere. Y esto es sólo un punto de partida de un proceso que es complejo, lleno de aciertos y de fracasos, de abstinencia y recaída, de expectativas y decepciones, pero mantenerse es lo que salva al individuo porque si persiste en la convicción de salir adelante, llegará el momento en que encuentre la estrategia que mejor se le acomode, como le pasó al autor.

Lo otro, aunque suene crudo pero no deja de ser una realidad, es que no tener el antecedente de consumo da objetividad en el abordaje, y así mismo se está exento del riesgo de recaer. Es triste decirlo, pero así es: la posibilidad de recaída condiciona la firmeza del soporte que puedan dar los ex consumidores. ¿Qué pasará con sus apadrinados si su padrino recae? La idea obviamente es que esto no pase, pero puede pasar. Y lo dicho no corresponde a un juicio de valor, y no pretende demeritar las capacidades del ex consumidor de ser un buen soporte. Sólo que no son dueños de la verdad ni tienen un conocimiento ilimitado solo por su vivencia. Son la academia y la experiencia las bases que cimientan y le dan firmeza al propósito de ayudar a los adictos y a sus familias, aún para los ex consumidores.

Del texto me parecen fuertes los conceptos de los «pensamientos vacuna», que puede referirse a la resignificación de las experiencias. Cambiar los pensamientos negativos por unos positivos. «Quitar ideas enquistadas», como el autor lo expresa. Así mismo, la correlación que hace con el cerebro, que va en línea con la teoría de la adicción como enfermedad cerebral. Que «El universo envía mensajes que hay que saber captar», que «somos hechos para la inteligencia», la importancia de «trascender a través de las ideas» y que «no necesitamos atajos a través de las sustancias», son algunas de las ideas que expresa el autor en este sentido. Esas afirmaciones rompen con algunas de las tendencias que se han ido esparciendo en el mundo, sobre todo a través de las redes sociales, justificando y hasta aprobando el uso de algunas sustancias que en realidad no tienen ningún fin terapéutico, sino mas bien un propósito recreativo enmascarado. Hay mensajes que divulgan ciertas organizaciones y colectivos que, pienso yo, bordean también la irresponsabilidad (como por ejemplo el del «consumo adulto», que no es otra cosa sino un mero eufemismo).

Me llama también la atención la idea de que hay una frontera entre el consumo por diversión o por adicción, y que cuando se pierde el sentido de lo lúdico, la persona ya no puede controlar lo relacionado con el consumo. El problema es que esta frontera es por lo general engañosa y difícil de identificar, y es más, tiende a mimetizarse con la idea ficticia de la persona de tener siempre el control de su propio consumo. Lo triste de esto, es que cuando la persona se percata del problema es porque ya está muy metido en él, como pasa con las personas en el mar que se confían en exceso de sus capacidades, hasta que se dan cuenta que están rodeados de agua y no pueden ver la playa.

Otra idea importante es aquella de que el consumo puede ser un mecanismo de defensa para huir de situaciones emocionales, problemáticas o conflictivas que generan intolerancia o sufrimiento, y la persona no es capaz de enfrentarlas y resolverlas. Y he aquí un reto para las personas que trabajamos con adicciones: ¿cómo puede ayudar uno a los adictos y a sus familias? Una posibilidad es explorar bien el problema del consumo. Cuál es su origen en particular en una persona. Identificarlo y así manejarlo, lo cual va más allá de simplemente con medicamentos buscar la solución mágica, y confieso que en medicina a veces caemos en ello, aunque también los pacientes y sus familias desearían que la cosa se resolviera fácil y sin tanto esfuerzo. Es “el milagrito” que menciona el autor. Tanto pacientes como personal de salud quieren resolver fácil del problema sin mirar bien qué es lo que se los está generando. Personalmente me parece difícil eso. Es uno de los retos más fuertes de este tipo de atención en salud: ¿Cómo identifica uno bien los problemas del consumidor? Es la respuesta a esta pregunta la que da las luces en el camino a seguir.

Culmino mi reseña con una de las citas del autor: «Cuando no nos queremos es muy complejo que las cosas fluyan. Es como si pusiéramos un candando a nuestro corazón para que nadie ni nada positivo entre y nos enfrascamos en nuestra tragedia, porque es tan poco lo que queremos nuestra vida que es mejor huir de la realidad a través de los vicios».

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Notas de suicidio (reseña)

Recientemente leí Notas de suicidio, del escritor español Marc Caellas, y esta es mi impresión de la obra.

Primero dejo un enlace a la biografía del autor, de Wikipedia:

https://es.m.wikipedia.org/wiki/Marc_Caellas

…y el link de la obra en GoodReads:

https://www.goodreads.com/book/show/60861346

Del suicidio se puede hablar de muchas maneras, y romantizarlo puede que sea una de ellas. No obstante, creo que no es la más conveniente. Tampoco quiero decir que el suicidio deba ser un tabú o un tema prohibido, pero hay que tener algo claro, y es que no todos los suicidas son famosos, ni todos los famosos se suicidan, ni tampoco todo el que se suicida, se vuelve famoso. De hecho, la gran mayoría de los suicidas, quizá el 99.9%, no dejarán de ser una simple estadística o una noticia que se da en forma de número en algún diario y que puede sorprender de forma fugaz a quien casualmente la lea. Luego, el mundo seguirá girando igual, salvo para los deudos de aquel que decide terminar con su vida por mano propia.

Del libro de Caellas rescato la compilación y clasificación que hizo de las notas de suicidio de algunos personajes ilustres que así dejaron este mundo. Se nota un ejercicio juicioso de búsqueda y de orden, y también me gusta el complemento que hizo a algunas de las notas con textos y frases de otros autores que se acoplan bien al contexto (al final agrego algunas de ellas). Sin embargo, en mi opinión, sobran los intentos que hace el autor de análisis de las notas. Creo que la esencia literaria se pierde en divagaciones y no se sabe si intenta ser entonces un texto académico o reflexivo. La realidad es que esos agregados no pasan de ser percepciones subjetivas, a veces hasta cursis, que dañan de cierta manera lo bueno de la obra. La nota de suicidio de un artista no es necesario que sea interpretada (o al menos eso que mejor lo haga cada quien). Cuando mucho se puede explicar el contexto y también se puede dar uno que otro dato histórico que aporte más al entendimiento de lo que pensaba o sentía el suicida. Así, pienso yo como lector, hubiese sido mejor.

Más allá de ese elemento de forma, mi crítica se basa también en el apartado llamado Antecedentes, que es lo que me lleva a rechazar la romantización del suicidio, y que infortunadamente es la parte que abre el texto. A pesar de mi desacuerdo con muchas de las ideas que se plantean en ese apartado, decidí seguir adelante y lo que me encontré, bueno y malo, ya lo he mencionado.

En mi labor como profesional de la salud en el área de la toxicología, tengo permanente contacto con personas con intentos suicidas a través de envenenamientos autoinfligidos. Y ello, considero, me da autoridad para decir que el suicidio (o al menos el intento), de romántico no tiene nada. De hecho, puedo concluir que la gran mayoría de personas que se intentan suicidar en realidad no pretenden morir, y que el intento lo ejecutan en actos impulsivos, sin premeditación alguna, y con notas que, si existen, muestran más el desespero por una problemática específica, que un pensamiento reflexivo alrededor de la muerte autoimpuesta. No todo es tan bonito o tan artístico o tan trascendental. El suicida que ya tenía un plan estructurado es una excepción, y sus notas, en estos casos, tienen mucho valor desde lo médico y lo psicológico, pero también desde lo humanista y, por supuesto, desde lo literario. Pero eso no quiere decir que sea algo a generalizar puesto que no es el caso de todos aquellos que no ven otra solución.

La enfermedad mental existe, y exaltar al suicidio como “el comodín de juego de cartas de la vida” (y otras analogías hechas por el autor), es negar su existencia o restarle importancia. Como médico pienso, entonces, que romantizar el suicidio es desacertado, y la verdad es que la mayoría de las notas anónimas de suicidio, como objeto de esta obra, en realidad sólo servirán para ser analizadas por los médicos legistas y abogados, y luego quedarán como un recuerdo doloroso en las memorias de alguna familia. No saldrán publicadas en ningún libro la notas suicidas de los don nadies, aunque estas sean literariamente buenas. Las de los personajes ilustres podemos entonces disfrutarlas, sin romantizarlas, pero dejémosle entonces los análisis a los psicólogos, a los médicos, a los religiosos o a los humanistas, y la necesidad de leer esos análisis, a los que directamente estén buscando o necesitando este tipo de textos, sea cual sea la razón.

Algunas máximas extraídas del libro, que a mi juicio son bastante valiosas:

«La naturaleza humana tiene sus límites; puede soportar, hasta cierto grado, la alegría, la pena, el dolor; si pasa más allá, sucumbe.»

Goethe, Werther


«Quienes se apean no necesariamente están locos, ni siquiera están ‘perturbados’ en esas circunstancias. La tendencia al suicidio no es una enfermedad de la que haya que curarse como el sarampión. El suicidio es un privilegio de lo humano.»

Jean Amery


«Alguien dijo que el suicidio era una solución permanente a un problema temporal, pero la vida también se puede contar como la suma de una serie de percepciones erróneas que conducen a una montaña de decisiones equivocadas. Errar es humano y el suicidio puede ser visto como el gran error final.»

Del autor, Marc Caellas


«No hay sino un problema filosófico realmente serio: el suicidio. Juzgar que la vida vale o no la pena de ser vivida equivale a responder a la cuestión fundamental de la filosofía.»

Albert Camus

«… Dejo algo de obra y muero tranquilo. Este acto ya estaba premeditado. Tú premedita tu muerte también. Es la única forma de vencerla.»

Andres Caicedo

«A la pregunta ¿cuánto has amado?

responde como si el lenguaje, mejor aún,

como si el vino se hubiera acabado.

Di que has de ir por más.»

Mario Montalbetti 

…y finalmente, un poema del escritor español Manuel Vilas:

EL ÚLTIMO ELVIS

Respeta siempre la destrucción de las mujeres y de los hombres que amaron o intentaron, al menos, amar la vida y esta les quemó o les rompió los huesos de la cara, las entrañas y las venas y el hígado y el buen corazón, respeta todos los sagrados y los más humildes hundimientos de los seres humanos.

Respeta a quienes se suicidaron.

Respeta a quienes se arrojaron a los océanos.

No hables mal de ellos, te lo ruego, te lo pido de rodillas.

Ama a toda esa gente, esa muchedumbre, ese río amarillo de la historia de todos cuantos perdieron tan injustamente, o tan justamente, da igual.

Gente que aceleró en una curva.

Gente que escondía botellas en los rincones de su casa.

Gente que lloraba en los parques de las afueras de las ciudades.

Gente que se envenenaba con pastillas, con alcohol, con insomnios aterradores, con veinte horas de cama todos los días.

Lo intentaron, pero no lo consiguieron.

Gente a quien le sobraba tres cuartas partes de su pequeño frigorífico.

Gente que no tenía con quién hablar semanas enteras.

Gente que no comía por no comer sola.

Son hermosos igualmente, te lo juro.

Resplandecerán un día.

Nombremos todo aquello que nos convirtió en seres humanos.

Para que no haya miedo, ni envidia, ni maldad.

Amo, celebro, y exalto todos los hundimientos de todos los seres humanos que pisaron este mundo.

Porque el fracaso no existió jamás, porque no es justo el fracaso y nadie merece fracasar, absolutamente nadie.

Manuel Vilas

Referencia del libro:

Caellas, Marc. Notas de suicidio. Tercera edición. Ediciones La uÑa RoTa. España, 2023.

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Mario Escobar Velásquez (fragmentos)

De los buenos escritores pueden extraerse fragmentos que pueden perdurar aislados de la obra como máximas. En este caso, del escritor antioqueño Mario Escobar Velásquez, fallecido en 2007 en Medellín. Uno de esos escritores que vale la pena disfrutar por la perfección de su estilo y la riqueza de su lenguaje.

De la novela Toda esa gente (1985):

«(…) no querer ser sabio es ya serlo, no querer tener riquezas es ya disfrutarlas, no ambicionar nada es tenerlo todo». 

«Porque hay cosas que no se entienden bien sino hasta que se viven: la sabiduría de los humanistas viene del mucho vivir» 

«No era un mal bagaje: las penas y las carencias se acrecientan con la no aceptación, y no quejarse y no lamentarse conceden fortalezas insospechadas por quienes gimen o gañen. Las lágrimas debilitan, las quejas erosionan. La fortaleza consiste en aguantar»

«Su niñez estuvo rodeada de mimos que pudieron haber hecho de ella una de esas mujeres abominables que creen que todo les es debido»

«Era simpática y era femenina, y como tuvo siempre las mejores ropas, cuando anduvo por los quince años hasta los dieciocho atrajo a los pretendientes como un plato de miel a las moscas. En esa edad las mujeres tienen la gracia de las cosas inacabadas: son todo promesas de perfección que las más de las veces no cristalizaban, pero que ya en su promesa son de algún modo la perfección»

«…pocas cosas son más desoladoras que un viejo llorando» 

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Un mundo feliz

Las utopías parecen ser mucho más alcanzables de lo que se creía anteriormente.  Y actualmente nos enfrentamos a una pregunta aterradora muy diferente: ¿Cómo evitar su realización final…?  Las utopías son alcanzables.  La vida camina hacia las utopías.  Y quizás está comenzando un nuevo siglo, un siglo en el que los intelectuales y la clase educada volverán a los medios para evitar las utopías y regresar a una sociedad no utópica, menos «perfecta» y más libre. 

Nicolas Berdiaeff

Las distopías son un género literario bien interesante. ¿Cómo se imaginó algún autor el futuro? Hoy encontramos que algunas de aquellas ideas imaginadas, guardando las proporciones, son reales.

A continuación comparto una reseña personal de mi lectura de Un mundo feliz, de Aldoux Huxley

Después de la guerra de los nueve años, en el mundo se desarrolla una sociedad perfecta, libre de conflictos, de enfermedades y de cualquier miseria humana. Funciona como un mecanismo sin fallas, puesto que cada miembro de la población tiene unas tareas muy específicas, sencillas y repetitivas, a las cuales se está predestinado, ya que el control de las personas se ejerce desde el periodo embrionario en este futuro en el que hombres y mujeres se producen en especies de fábricas que sustituyen la naturaleza de la procreación humana.

Quizá como una alegoría a la producción en masa, la historia de la humanidad en Un mundo feliz está partida en antes de Ford y después de Ford (o mejor, “de nuestro Ford”), y si bien nunca se hace una referencia directa a Henry Ford, es imposible no imaginárselo así. No obstante, no es que Ford sea un dios o algo parecido, pues la religión fue uno de los rasgos de humanidad que se queda atrás en la historia, relegada a un comportamiento no civilizado. Ford es mas bien una figura fundamental que cambió la historia y como tal, es un modelo de admiración casi celestial, y cuyo nombre se usa para exaltar personalidades al denominarlas como Su Fordería, o incluso haciendo parte del lenguaje coloquial cuando se quiere expresar sorpresa (¡oh Ford! o ¡por Ford!). 

Los seres humanos desde el momento del nacimiento (o más específicamente, de la decantación), harán parte de cada una de las castas que conforman la población, según el tipo de desarrollo al que fueron sometidos durante el periodo embrionario. De esta forma los más inteligentes (los llamados alfa mas y los alfa menos, seguidos por los beta), serán los que ocupen los cargos más importantes o las tareas más especializadas, y quienes gozarán también de más privilegios, y luego de ahí para abajo vienen los gamma, los delta y finalmente los épsilon, que son los seres que desempeñan las labores mas básicas y que incluso son producidos repetitivamente, como grupos numerosos de gemelos idénticos (llamados grupos Bokanovski), que surgen de las repetidas divisiones a las que se somete un mismo óvulo.

Lo curioso es que independientemente de la tarea que se desempeñe, ya sea una tarea especializada o una sencilla, cada persona es feliz con lo que hace, y mas allá de eso, no desearía, y hasta le desagradaría, desempeñar las labores que ejerce otra persona, así sean las labores más productivas y admirables (tal vez de ahí el nombre traducido de Un mundo feliz). Esto se logra hábilmente al predestinar a cada uno a su tarea, gracias a las avanzadas técnicas de fecundación in vitro y de desarrollo de los embriones, y así mismo de la “crianza” de los niños y niñas en los sectores correspondientes de la fábrica, en la que se les estimulan las conductas específicas de su casta y se les controlan las sensaciones que irán enfrentando en el futuro, incluyendo al erotismo, que puntualmente a través de juegos se permite que se desenvuelva en completa libertad.

Muchas otras conductas se les inculcan a través de lo que llaman hipnopedia, que es una técnica que se menciona varias veces en la novela, y que corresponde a los discursos cortos y repetitivos a los que se exponen los niños y los adolescentes durante las horas de sueño, y que es una estrategia de enseñanza. Sin embargo, no es el aprendizaje técnico el que se imparte de esta forma, sino mas bien el aprendizaje de comportamientos y de actitudes humanas que en el futuro determinarán las decisiones de cada uno en favor del funcionamiento adecuado de la sociedad. El resultado es que algunas respuestas que los “hipnopedizados” emiten ante ciertas situaciones, son casi que discursos automáticos e idénticos que surgen espontáneamente, producto de ese guion aprendido a punta de repeticiones.

La vida de los seres humanos en ese mundo feliz se reduce a cumplir con sus labores en horarios de oficina, y a tener luego horas de esparcimiento en su tiempo libre, en las que satisfacen todos sus deseos de diversión y de placer de cualquier índole, incluyendo el placer sexual. No existen relaciones afectivas. De hecho, la filosofía de las relaciones humanas se basa en que “todo el mundo pertenece a todo el mundo”, y en ese orden de ideas no se ve bien (ni se siente bien), que una mujer o un hombre se dediquen a una sola pareja, y por ello la promiscuidad, que no se percibe tan mal como suena en nuestra realidad, es normal, y para la tranquilidad de todos, y aunque ni siquiera piensen ya en ello, no hay enfermedades de transmisión sexual ni riesgo de embarazos, porque respectivamente las personas son inmunizadas desde la “gestación” a diferentes enfermedades y las mujeres permanentemente llevan a cabo sus ejercicios anticonceptivos, además de que hay seres hermafroditas que ya de entrada son infértiles.

Las diversiones son muy básicas. El golf con obstáculos o el electromagnético, el tenis, las visitas al sonorama, que es un cine multisensorial en el que se proyectan (y se sienten) películas con unos guiones bastante sosos pero al parecer entretenidos. La música sintética que permanentemente suena en todos lados, los grifos de perfume y de agua de colonia, y las sustancias que sustituyen las sensaciones (o las camuflan), como el “soma” (una especie de droga), el sucedáneo de embarazo y el sucedáneo de pasión violenta. Cualquier emoción que sea natural en el ser humano, pero que por el contexto y el estilo de vida que se vive en el mundo feliz ya no existe, es perfectamente reemplazada por alguna sustancia, y de ahí la denominación de “sucedáneos”.

Los humanos simplemente son felices. No tienen aspiraciones, ni sentimientos propios, ni soledad, ni Dios. Toda su vida discurre entre el trabajo en el que son felices haciendo lo que le corresponde, y con el elemental entretenimiento que se les ofrece en sus ratos de ocio. Y así hasta que envejecen sin envejecer, pues sólo se van desgastando orgánicamente sin que en el aspecto exterior se note, y mueren con un cuerpo lozano y bello en el llamado Hospital de moribundos, en donde son hipnotizados con programas de TV e inundados de soma, y siendo objeto de aprendizaje de los grupos de niños a los que llevan a que se familiaricen con la muerte. Es así que aun los moribundos son útiles, no solo por ésto, sino también porque una vez fallecen son cremados en hornos adaptados para conservar el fósforo corporal que se recupera de este proceso.

Entonces todo funciona bien, y la rueda permanentemente está (y estará) girando. Todos hacen lo que les corresponde hacer y son felices haciéndolo, sin envidias, sin competencias, sin egos. Cada quien está satisfecho con lo que hace y no aspira a nada más. No hay literatura y no hay arte, porque literatura y arte son revolucionarios. No hay política y no hay religión, y tampoco se necesitan. Igual hay líderes (alfa mas), quienes garantizan que todo siga así. De hecho Mustafá Mond, uno de ellos, y que es un personaje que hace recordar al O’Brien de 1984 o incluso al Gran Hermano, censura cuando tiene que censurar, y determina el destino de todo aquel que empiece a pensar diferente, a preguntarse o a comportarse en contravía de lo aceptable. Tiene acceso a obras literarias del pasado y a la Biblia, y aunque sabe que todo eso es valioso, no permite su publicación, y no tanto porque sea revolucionario, sino porque simple y sencillamente nadie lo entendería, ya que ni siquiera el concepto de madre e hijo es comprensible, e incluso genera risa y hasta desagrado.

Toda esta historia, así como en 1984, discurre en Londres. ¿Y qué pasa con el resto del mundo? Pues esa sociedad evolucionada está en muchos países a los cuales no se hace referencia, pero sí se menciona a América, o al menos una parte de ella, en donde está “La reserva”, que es donde viven “los salvajes”, unos seres humanos primitivos que siguen reproduciéndose a la antigua, teniendo relaciones familiares y maritales, valorando la fidelidad afectiva y venerando dioses. Aquí se deja ver de nuevo el odioso cliché de los países desarrollados, de ver a los latinoamericanos como aborígenes, ya que geográficamente la reserva se ubica en Nuevo México (y de ahí para abajo). Adicionalmente los rasgos de sus habitantes son descritos como aindiados, y ese mundo feliz tiene viviendo a los salvajes en un amplio territorio rodeado de cercas electrificadas (como una especie de Jurassic Park), al cual se puede acceder solo con permisos especiales emitidos por las Forderías más elevadas.

De ahí surge el personaje de John el salvaje, quien representa ese curioso comportamiento que es objeto de admiración, sorpresa e interés por parte de los civilizados habitantes de Londres. John el salvaje no entiende de Forderías, de sonorama, de música sintética, de soma, de sucedáneos, de grupos bokanovski ni de eso de “todo el mundo pertenece a todo el mundo”. John viene siendo, a la postre, mas humano que todos esos seres producidos en masa. Si bien tiene comportamientos extraños, se parece más a nuestra actualidad y a nuestra realidad, que lo que se parecerían los habitantes de Londres. Es John el salvaje quien reta la realidad de los civilizados, aunque esta resulta ser irrompible. Al fin y al cabo los civilizados son seres producidos en masa, ya predestinados e incapacitados para pensar diferente, y el que por alguna razón pueda hacerlo, será enviado a una isla muy alejada, en donde no pueda poner a tambalear el funcionamiento perfecto de la sociedad.

Supuesta mente es entonces un mundo feliz el tal mundo feliz. Pero, ¿es feliz en realidad? Mas bien es un mundo funcional libre de problemas. El título original de la obra es Brave new world, frase que surge de una línea Shakesperiana. La traducción más correcta al castellano sería Espléndido nuevo mundo, pero bueno, quedémonos con el Mundo feliz. Y es feliz porque todos están satisfechos haciendo lo que hacen y disfrutando de los más elementales entretenimientos. Pero la verdad es que la felicidad es lo que menos hay, y si surgen sentimientos contrarios, está el soma, y todos los demás sucedáneos que amortiguan lo desagradable. ¿Será este el futuro de la humanidad? O no es más que una distopía. Tal vez la felicidad plena no es la esencia del ser humano, o al menos no esa felicidad. Las pasiones y los vaivenes emocionales parecen ser parte inherente del ser humano, al igual que el arte y la religión. Al fin y al cabo eso es lo que nos hace humanos, y esas son las huellas que vamos dejando en la historia.