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Toxicología

El himno de los coadictos

Nota: recomiendo leer esta entrada escuchando esta canción de fondo.

«…y por más drogas que uses

y por más que nos abuses,

la familia y yo tenemos que atenderte.»

Rubén Blades, en Amor y control.

Dijo alguna vez el novelista francés André Maurois que «una familia feliz es una conversación que siempre parece demasiado corta», y tal vez así lo sea, pues pareciera que de las familias felices no hay nada que decir. Funcionan como todo el mundo y la sociedad espera que funcionen. Y quizá así deba ser.

Pero no todo es tan ideal. El mundo no siempre es así y la sociedad de vez en cuando nos golpea con sus realidades. Lo cierto es que las familias son a veces el germen de ciertas problemáticas y es la entereza de sus miembros la que puede ser la base sobre la cual se puede salir adelante en situaciones adversas. Pero la verdad es que eso es más fácil decirlo que hacerlo, como pasa con frecuencia.

La responsabilidad de la familia es más grande de lo que inicialmente se cree y, sin querer caer en tradicionalismos, pues no importa la manera en que esta esté conformada, es posible afirmar que la base de una buena sociedad es, precisamente, la familia. Personalmente considero que muchos de los problemas que vivimos hoy en día, incluyendo el del consumo de licor o drogas, surgen de la disfunción familiar.

A simple vista y de una manera muy romántica podemos decir y pensar que la familia tiene la responsabilidad de sustentar y acoger a sus miembros sin importar lo que estos hagan, lo que queda muy bonito para la canción de Blades. Pero, ¿qué tal si consideramos a la permisividad extrema también como un tipo de disfuncionalidad familiar? Ahí la cosa se va tornando un poco más compleja. Y pasa que el límite entre la condescendencia y un control adecuado es difícil de identificar y por ende, de establecer, por lo que revolotear entre un lado y otro de la frontera es muy fácil y usualmente pasa desapercibido.

A los ojos de los observadores externos la cosa es fácil de resolver, como pasa siempre con aquellos que, como dicen, “ven la corrida desde la barrera”, y sencillo es para estos espectadores emitir juicios de valor. Otra cosa se siente y se vive cuando se está inmerso en la rutina del día a día de un hogar que sufre las consecuencias del consumo de licor o de drogas de abuso, donde todo prospecto de vida tranquila se derrumba de manera repetitiva. Es un castillo de naipes al viento.

Se dice que las decisiones de un consumidor deben ser respetadas en aras de su autonomía. La pregunta entonces es, ¿queda por ello exonerado de las consecuencias de su consumo? Sobre todo de aquellas consecuencias que se dan en el seno de una familia, de una relación de pareja o en el entorno paterno filial. La mejor realidad a asumir es que la libertad del consumidor llega hasta donde empieza la del resto de su familia y que la autonomía que se defiende implica también asumir las consecuencias de las decisiones que este tome.

“Cuánto control y cuánto amor hay que tener en una casa”, dice la canción. Ese control se traduce en la normatividad que rige un hogar y que está determinada por sus miembros. La idea es que todos le sean leales a la misma, de manera que el que transgreda esas normas deba asumir ciertas consecuencias. Y no es que una familia deba funcionar entonces con un régimen militar, pero sí deben existir unos acuerdos que permitan una armonía y tranquilidad en aras del afrontamiento de los avatares de la vida con los recursos que una familia funcional permite.

De todas maneras no hay que negar que tomar una decisión con respecto a un miembro de la familia que transgrede las normas no es para nada fácil. Eso es cierto. Pero hacer respetar el seno del hogar sí es una buena manera de empezar a dejar en claro cuál es la línea que debe seguir cada miembro en pro de la armonía. Y es claro también que la situación de cada familia en particular tiene muchas aristas, y que las decisiones que se tomen también van a generar consecuencias. No es fácil entonces generalizar, pero por algún punto de partida se debe iniciar y la firmeza, el respeto y el interés por el bienestar del otro, son unas buenas maneras de empezar.

Cada quién debe entonces responder a la pregunta si acolitar el consumo en el seno de la familia es o no adecuado. Si poner límites va en contra del amor ciego que debe haber en un hogar o si en cambio, aquellos (los límites), son necesarios para que todo transcurra mejor. No hay que olvidar que el afecto y el respeto son recíprocos, deben ir en doble sentido, de acá para allá y de allá para acá, y, que como se dijo previamente, “mi libertad termina en donde empieza la del otro”.

Soportar el consumo de un miembro de una familia puede favorecer una conducta anormal en este sentido, la cual se conoce como coadicción.

La coadicción es esa situación en la que se es permisivo completamente con el consumidor, a tal punto de permitirle sin consecuencias los vejámenes que este ejerce contra la estabilidad de la familia. Va en línea con eso que se dice en la canción de que “aunque tú seas un ladrón y que no tienes razón, yo tengo la obligación de socorrerte”, y sigue diciendo “y por más drogas que uses y por más que nos abuses, la familia y yo tenemos que atenderte”…¿será que debe ser así?

O será que en este orden de ideas “amor y control” es entonces lo que podríamos llamar “el himno de los coadictos”. Tal vez si la escuchamos de forma acrítica y romantizamos el asunto del sufrimiento de una abnegada familia, entonces sí, es el “himno de los coadictos”. No obstante, “mi obligación de socorrerte” debe corresponderse con tu intención real de salir de una problemática, y en ese esfuerzo, ahí sí, “familia es familia y cariño y es cariño”.


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De Jose J. A-H

Médico Toxicólogo Clínico
Especialista en Edición de Publicaciones
Magíster en Epidemiología Clínica

2 replies on “El himno de los coadictos”

Este articulo nos lleva a reflexionar sobre el papel de las familias en la adicción y cómo a veces el amor puede cruzar la línea hacia el control. Es interesante ver cómo la falta de límites puede contribuir a la coadicción, haciendo que sea un tema muy relevante para quienes enfrentan esta realidad. Creo que ofrece un buen enfoque sobre cómo las dinámicas familiares impactan en el proceso de recuperación!!

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Gracias Luna por tu comentario. Como lo dices, las familias tienen un papel muy importante en el manejo de una persona con adicción. Es un pilar del cual no se puede prescindir. Abordar a un paciente sin tener en cuenta a la familia, es dejar de lado una parte importante del tratamiento.

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